lunes, 26 de diciembre de 2011

Sí, es posible una educación de calidad y gratuita…

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H e r n á n  D i n a m a r c a *


Con la frase del título resumo mi respuesta a un amigo chileno que me preguntó acerca de la educación en Alemania. Él sólo quería conocer otras experiencias, luego que este 2011 nuestros jóvenes han dicho basta y echado a andar en pos de una mejor educación. En calidad y obviamente en el acceso, sin que se les vaya la vida en pagarla a crédito. Esto último, a todas luces un absurdo. Si la educación alienta un mejor vivir, cómo se puede condenar a las nuevas generaciones a un mal vivir –pues ése es el sino de las deudas casi vitalicias.   
Prólogo
Antes de narrar mi experiencia en Alemania, quiero introducir un par de principios que me animan en esta relevante materia (la educación) y algunas convicciones al momento de hacer un balance del movimiento estudiantil del 2011.
Primero, de educación sé algunas cosas aprendidas en la vida y en la academia, que caben en dos párrafos.
La educación, en sentido lato, es un gesto clave e inherente al vivir humano. Sin ella no habría reproducción de la vida social, no habría Historia ni memoria, ni evolucionaríamos en el lenguaje que moramos. La educación es socialización y es concientización –en el sentido de formar conciencias. Ergo, la educación es incluso más que un derecho fundamental, es lisa y llanamente la condición de la vida social. En breve: dime la educación que tienes y te diré la sociedad que construyes.
Y en la mediación intergenera-cional que es la educación, para que sea sana, es necesario un vínculo de respeto; una relación empática entre maestro y discípulo o, dicho más complejamente, entre educador-educando y educando-educador. Relación, además, que, más allá del cambio temporal en las técnicas usadas, siempre ha conservado la exigencia de un entorno social pro-activo en la generación de esas condiciones; en el que no se confunda autoritarismo con autoridad. 
Segundo, al terminar un año histórico para Chile, quiero compartir algunas reflexiones que buscan contribuir al necesario debate en torno a las fortalezas, debilidades y desafíos, luego de la emergencia de nuevas sensibilidades sociales y generacionales.
Una amiga alemana (Ingrid Werh) que estuvo durante el año en el país impartiendo clases en el doctorado de sociología de la Universidad de Chile, en un e- mail me escribía algo más o menos así: “disfrutando el hecho que este país, por primera vez en muchos años, se ha puesto interesante, ojala se abra una brecha de transformación del sistema político y la sociedad…”
Le cito así de coloquial porque son muchos quienes pensamos que el gran hito del 2011 –su fortaleza– ha sido la irrupción social de una nueva generación y de una nueva sensibilidad que dejó de creer en las bases en que por décadas se había levantado nuestra sociedad.
Ni el sistema político binominal y una constitución autoritaria, pasando por valores morales afincados en la soberbia y la desconfianza en el otro, hasta llegar a la inconsecuencia e irresponsabilidad ambiental y energética, más la inequidad social y un anacrónico quehacer económico con foco unilateral en el lucro, el individualismo y el consumismo, son hoy instituciones y valores queridos por la mayoría ciudadana. Se trata de una fortaleza nada trivial, que llegó para quedarse. Los movimientos de este año, más allá de sus diferencias, han estado inspirados por una crítica a esos valores e instituciones.
La debilidad, sin embargo, ha sido que un movimiento profundamente político (por su inequívoca incidencia en la cosa pública, en la vida de la polis), sufre de la paradoja que la misma ciudadanía, con poderosas razones, desconfía a veces irreflexivamente de todo aquello que huela a “política”. Esta debilidad, que es común a los indignados del mundo, genera dos ecos bien complejos.
Por un lado, inhibe el entrar a actuar en la política y suele incluso negar la capacidad de negociar sobre la base de ideas fuerzas –algo tan propio y necesario en la política–. Lo anterior, podría llevar a que en las urnas –ante la ausencia de rostros y miradas nuevas– mañana vuelvan en gloria y majestad los mismos profesionales de la política que han sido cuestionados, ya sea por su incoherencia, por no soñar, por no dar luces, por gobernar apenas mirando las encuestas, por gestos de corrupción, etcétera. El punto es que si no entras a la política con otra política, y/o no delegas confianza en políticos que merezcan la confianza, las energías desplegadas por los neo-movimientos ciudadanos corren el riesgo de un mayor desencanto y la irrealización de lo imaginado.
Por otro lado, esta desconfianza hacia los “políticos y la acción política” conlleva la emoción del resentimiento, que conspira contra la necesaria unidad y construcción de mayorías sociales y ciudadanas. Ni todos en la ex Concertación (más allá de los errores que podrían haberse cometidos), ni los comunistas (más allá de su sesgo autoritario y a veces antiguo), ni los “ultra” (lúcidos y rebeldes, aunque a veces de un infantilismo revolucionario), ni los ecologistas (que suelen olvidar que el verde brilla más si se junta con otros colores), ni los Meos (que intentan, aunque con rabias que los nublan), etcétera, ni los unos ni los otros son malos y buenos absolutos y por definición. Siempre hay espacio para los matices, para el diálogo, para el respeto (a todos), para buscar acuerdos en torno a puntos de encuentro, para resolver como ciudadanos qué liderazgos mejor nos representan. Esta es una debilidad asociada a desafíos mayores. ¿Qué hacer en pos de una nueva política de la coherencia, del aceptar la legitimidad del otro diferente, de la democracia profunda y de la unidad entre quienes se co-inspiran en aras de una nueva mayoría para construir un nuevo y mejor país, social, cultural y ambientalmente?
Tal vez esta debilidad ha incidido en que al terminar el año del mayor movimiento ciudadano en décadas –el estudiantil–, que pidió y pidió educación pública de calidad, interpelando a un cambio radical en un tema relevante como lo es la educación, haya sido confinado a debatir sobre pesos más y pesos menos. Y todo esto entre políticos ensimismados en cuatro paredes, ahora con comunistas incluidos. Aclaro de inmediato que no estoy afirmando que la discusión del presupuesto carezca de importancia. Lo es, sin duda. Pero lo es aún más saber si los recursos irán a parar a los bancos, a gobiernos locales, a sostenedores, a alumnos y profesores, y en qué y para qué serán usados. Además, en otro eco de la misma debilidad, el año ha terminado con algunos líderes del movimiento enfrascados en discusiones por los diarios (legítimas discusiones que suelen ser mal interpretadas en los pasillos del poder).
Por eso, junto a saber asignar los recursos, el desafío de futuro será poner integralmente el foco en lo demandado: cómo hacemos una educación pública de mejor calidad en el país. En el 2012 será ineludible la necesidad de recuperar el debate de fondo. Pues no soslayemos que mientras la atención se acotaba, con poca crítica mediante, a las platas, la educación pública en Chile seguía siendo reformada de manera economicista y brutal.
Cómo llamar, sino así, a una educación orientada solo a formar consumidores, y no a ciudadanos, a entrenar a trabajadores disciplinados, sin memoria ni capacidad reflexiva. Para los “teóricos” de la “reforma” pareciera que bastaría con que la mayoría de nuestros jóvenes –los hijos de padres incapaces de pagar la onerosa educación privada de la élite– apenas aprendan a sumar y restar, se las arreglen en el habla con 100 palabras y puedan moverse rudimentaria y acriticamente por Internet y las redes sociales. ¿Acaso no es ese el norte al que apunta lo hecho este año, cuando en plenas movilizaciones ciudadanas y casi en son de burla, a los intentos precedentes de acotar la Filosofía y la Historia, ahora en el Ministerio de Educación y en el Parlamento se agregaron medidas contra la enseñanza obligatoria de las asignaturas de música y de educación cívica?
Dime la educación que tienes y te diré la sociedad que construyes, escribí al inicio de esta nota. En efecto, si educas sin Historia, tienes una sociedad sin memoria (si la vida en general hiciera eso, desapareceríamos de inmediato). Si educas sin Filosofía, tienes una sociedad ajena a la sabiduría, al asombro, a la capacidad de preguntar. Si educas sin arte y sin música, tienes una sociedad incapaz de sentir la expresión del alma. Si educas sin civismo, tienes una sociedad sin ciudadanos. Y atención a esto último: a la incoherencia implícita en el hecho que después los mismos reformadores-legisladores que votan por instaurar estas leseras, son quienes rasgan vestiduras contra los jóvenes que causan desmanes; injustificados si, pero no mal explicados por estas carencias.
Según Mario Waissbluth, en la reciente discusión presupuestaria "hubo un gran perdedor: la educación pública" (Fuente El Mostrador, 29 de noviembre). Si bien, él reconoce el aporte del movimiento estudiantil al instalar el debate sobre la educación pública en el país, “este año puede ser recordado como el principio del fin. Si la matrícula cae a menos del 30%, en muchos municipios será casi irrescatable”.
Un informe de la Fundación Sol destaca que en 1981, el 78 por ciento de la matrícula se concentraba en escuelas públicas, mientras en 1990, la matrícula municipal representaba el 57,8 por ciento del total. Y entre 1992 y 2010, el sector público ha seguido cayendo con 626 escuelas municipales menos, mientras el sector privado ha visto un aumento de 2.091 colegios particulares subvencionadas.
En la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), las matrículas en la educación pública llegan a un 90 por ciento. A nuestra élite le gusta compararse con tan selecto grupo, pero de inmediato se niega a ver que día tras día los estándares sociales y ambientales de la OCDE nos desnudan en nuestras carencias.
Digamos las cosas como son. Hoy tenemos un sistema educacional con hegemonía privada. Y la educación, según consenso de los usuarios y entre quienes reflexionan con más sapiencia sobre estos temas, es lisa y llanamente mala. En cambio, los países que sí tienen una buena educación, lo hacen con sistemas públicos para su gestión.
Para Waissbluth –y entre los estudiantes y la ciudadanía- son aún tareas pendientes los desafíos de lograr una buena Ley de desmunicipalización que revitalice la educación pública, que regule adecuadamente el sector particular subvencionado y que  resuelva las deudas de arrastre de los municipios. Además, “la medida más urgente es inyectar los mejores directivos a las corporaciones y escuelas, a la máxima velocidad. Y en el mediano plazo, está pendiente la madre de todas las reformas: profesión docente, para mejorar la formación, habilitación docente rigurosa y una remuneración más atractiva para los mejores profesores” (Ídem anterior).
A manera de colofón: cuando en estos meses se ha dicho cada cosa por quienes son ciegos ante las voces nacionales e internacionales que desnudan la mala educación, he reflexionado sobre la distinta hechura valórica del presidente que ayer vivía en la máxima “Gobernar es Educar” (Aguirre Cerda), hasta el actual ocupante de Palacio que pareciera creer en la máxima “Educar para Lucrar” (Piñera). ¡Porque eso es lo que subyace en sus palabras cuando considera obvio que la educación es un servicio a ser ofertado por cualquiera que desee lucrar y es un bien de consumo a comprar por quienes mañana podrían lucrar con ella!    

La educación pública en Alemania
Tras el prólogo, volvamos a la pregunta de mi amigo. Hoy nuestros dos hijos estudian en colegios públicos en el Estado de Baden Württemberg, por eso, aquí simplemente narro la experiencia en tono coloquial:
- En Alemania, la educación es mayoritariamente pública y gratuita. Existen algunos colegios privados, muy pocos.
Incluso la superior ha sido siempre gratuita. Recién a partir del Tratado de Bolonia lentamente se ha empezado a cobrar una matrícula (500 euros semestrales en el Estado); pero es algo casi simbólico, ya que hay muchas y diversas formas de pasar del pago (ayudas, exenciones basadas en el criterio de la diversidad, sea socio-género-etáreo-cultural). Y el dinero que se recauda por ese concepto suele usarse por los propios alumnos para contratar conferencistas o profesores ajenos a lo institucional o bien en la compra, por ejemplo, de fotocopias de libros obligatorios. Con todo, en Baden Württenberg, tras el triunfo de los Verdes este 2011, se ha anunciado el regreso de la gratuidad al cien por cien.
Y la educación primaria y secundaria no solo es gratis, sino que incluso los profesores ayudan a las familias para que el costo de los insumos sea lo más económico posible. A conciencia minimizan lo solicitado y acostumbran realizar compras colectivas. En el caso de uno de mis hijos por el año lectivo 2011-2012 pagamos a la profesora unos 35 euros (23 mil pesos chilenos aproximadamente) para que comprara todos los libros y materiales para el año. Después, ni un euro más. Y eso entre quienes pueden pagar, si no, hay ayudas sociales para cubrir esos gastos.
- Es que acá la educación es un derecho y un deber. Una sola anécdota: apenas llegamos al país, luego de informar el domicilio en el municipio local y de matricular a nuestro hijo en un colegio un poco retirado (a 15 minutos caminando, donde asistiría su hermana mayor), nos llegó a la casa una carta del municipio preguntándonos por qué el niño aún no asistía al colegio que por edad y domicilio le correspondía en el barrio, a una cuadra de la casa (3 minutos caminando). De inmediato, debimos dar las explicaciones de rigor: que habíamos optado por un colegio al que podría ir junto con su hermana, que no sabíamos, etcétera; explicaciones que obviamente fueron aceptadas. Así los funcionarios cautelaban que el niño y la familia hicieran uso de un derecho que es también un deber.     
Educarse es un derecho y una obligación, y el Estado tiene el deber de supervisar que el derecho se cumpla y la obligación de impartirlo en calidad. A nosotros, latinos, a veces el rigor teutón y esas convicciones, nos son un tanto extrañas.
- Mención aparte la singularidad que está en la base de la reconocida calidad y a la vez complejidad de la educación alemana. Veamos.
La norma (hay excepciones) son colegios distintos para las dos grandes etapas escolares: una primaria que termina en cuarto año y otra secundaria que termina el año 13 contado desde el inicio escolar, ya sea para salir al mundo laboral o ingresar a la universidad. Alemania ha resistido hasta ahora con sus 13 años de escolaridad, pero pos Bolonia poco a poco empieza a comprimirla en 12 para igualarla al resto de Europa.           
La etapa hasta cuarto básico es común para todos los niños que asisten al colegio en su mismo barrio. Cada pocas cuadras hay una escuela bien equipada, en la que por norma deben y pueden participar los padres. Son colegios puertas abiertas.
Del colegio, en este nivel escolar y más aún en el siguiente, los chicos salen libremente. Asisten sin uniforme y en los recreos pueden ir a su casa, a comprar a la esquina o a caminar… Y ese acto de libertad conlleva la génesis del actuar con responsabilidad. Los jóvenes salen y luego vuelven a sus clases. Ahora, si acaso no vuelven, ahí cae todo el peso de la autoridad y disciplina alemana, que se las trae, aunque sin violencia ni arbitrariedades –claro que, como en todo lugar, igual a veces la hay.
 El sistema escolar se complejiza pos cuarto. Y aquí entramos en algo distintivo de Alemania. A los 10 años, la junta de profesores que ha observado académica y emocionalmente a los niños los 4 años previos, determina cómo seguirán educándose. Hay tres opciones. Algunos son orientados a colegios en que les enseñan valores de ciudadanía y materias y normas generales para un buen vivir social. Otros son orientados a colegios técnico-profesionales, muy funcionales y eficientes. Y los niños más aplicados, siempre asombrados y a veces futuros atormentados –quién dijo que el conocimiento y la libertad eran sin sombra–, son orientados al Gymnasium o colegios en los que transitaran por un exigente camino de estudios que les lleva a la universidad.
Ahora, el sistema ha sido objeto de cuestión: ¿cómo es posible que a los 10 años, aunque sea por una junta cualificada, se determine tan radicalmente el futuro de un niño? Polémico. De hecho hoy se esta flexibilizando. Además, que, con pruebas y mérito mediante, se puede transitar de un tipo de colegio a otro, así como quien termina en cualquier ciclo tampoco tiene por decreto impedido el ingreso a la universidad.
Otros son críticos al hecho que los Gymnasium operan con una exigencia sin mesura. Esto lo hemos vivido observando a nuestra hija. Ella debe rendir en ciencias, en comunicaciones, en matemáticas, en deportes y en las artes, amén de aprender con perfección gramatical lenguas y lenguas. Junto al idioma nativo, los jóvenes deben estudiar obligatoriamente inglés y otra lengua (que suele ser Latín); además, como electivo deben ocuparse en una tercera lengua.
Una tercera crítica es que el sistema tiende a reproducir la condición cultural de los padres. Los hijos de universitarios suelen ir al Gymnasium. Los hijos de técnicos y profesionales realizan su propia deriva en colegios similares al que asistieron sus padres. Y así... La verdad es que pocos cuestionan esto. Son nuestros ojos –de países con menos profundidad moderna y muy desiguales socialmente– los acostumbrados a mirar a la educación como un unilateral vehículo de movilidad social. Acá hasta ahora casi todos cuentan con un mínimo bienestar material y social. Es más, los técnicos y profesionales, por ejemplo, suelen tener un mejor pasar económico-social que los universitarios.
- En otro rasgo de calidad y gratuidad, además del colegio formal, los niños asisten complementariamente a  actividades extra-curriculares que imparte el Estado vía municipios, teatros, escuelas de música, ya sea gratuita o con pagos menores, a practicar ciencias, artes y deportes.
- Y los profesores son respetados por la sociedad y académicamente son respetables. Su formación puede ser universitaria en ciencias, que aplican como educadores, o bien provienen de escuelas pedagógicas. Las remuneraciones son acorde a la importancia social del rol. La crítica más escuchada es que en su seno habría un corte jerárquico muy marcado: quienes pasan la supervisión de pares y pruebas de conocimiento profesional, administrativamente están contratados a tiempo completo; mientras quienes no han hecho ése proceso solo poseen contratos parciales.
En fin, hasta aquí nuestra experiencia de la educación en Alemania. De ella, emanan algunas convicciones.
Igual que en otros muchos países, la educación es un derecho que debe y puede ser gratuito. Alemania tiene más recursos, sin duda, pero no es solo un tema de recursos (así lo prueban países más pobres que igual cuentan con buena y gratuita educación). Se trata de incorporar el derecho como principio en el disco duro cultural del país. El neoliberalismo también en Alemania campea en otros dominios, pero en la educación hasta ahora no se le permite su entrada. Desde el origen de la modernidad la educación es rol del Estado y eso nadie lo discute. Los recursos están garantizados vía los mismos canales con que podrían obtenerse en Chile si hubiese voluntad política y cultural.
La educación es de calidad, entre otras razones, porque los profesores son tratados con dignidad, son bien formados y bien remunerados. Y ellos son dignos profesionales que creen en su misión. Y la educación es buena porque hay libertad y disciplina en su seno.
La educación es de calidad porque se basa en rigor y excelencia. A los niños se les evalúa fundamentalmente por su participación en clases. No por memorizar. Por sobre todas las cualidades son valoradas la capacidad de comunicar con personalidad y la pro-actividad en preguntar. Ante el desafío de conceptualizar lo central del método que acá he observado, se me ocurre algo más o menos así: una pregunta que nace desde el asombro, vale más que el sino provisorio implícito en cualquier respuesta.
Y finalmente la educación es de calidad porque es asunto de la comunidad, que lo hace ocupándose del cuerpo, de la mente y el espíritu; de las emociones, la razón y la voluntad.

* www.hernandinamarca.cl

La obviedad, el teatro cómico y la crítica social

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G a b r i e l   S e p ú l v e d a *



Muchos de quienes hemos recibido una formación teatral académica le tenemos pavor a la obviedad, o que nuestra obra sea catalogada como “básica”. Muchos, con tal de complacer las expectativas de una “escuela seria”, de “públicos entendidos” o de “críticos especializados”, en más de una oportunidad nos hemos esforzado en generar estilos interesantes, renegando de nosotros mismos, cayendo, a través de la imitación, en escenarios aún más ridículos y absurdos que los que brotarían en la más disparatada comedia.
A riesgo de no hacer honor al nombre de la Revista Búsquedas, el contenido de este breve escrito se referirá a cualquier cosa, menos a una búsqueda, pues buscar la obviedad es un sin sentido: la obviedad está acá y no allá. La obviedad la encuentras cuando dejas de buscarla… y eso es porque la obviedad se revela, no se encuentra.
En el escenario, muchas veces, lo obvio se transforma en comedia. Cuando un espectador recibe lo que espera, experimenta un goce que propulsa la risa y, si un actor es obvio, desnuda la parte más vulnerable de sí mismo: en el entrenamiento más elemental del payaso, el ser obvio es fundamento de un aprendizaje centrado en el conectar al individuo con ser infantil.
De esa forma, la risa se transforma en medio, más que en fin: es consecuencia, es canal, es herramienta, no es objetivo. La risa es obvia: cualquier esfuerzo por provocarla redundará en un desastre artístico.
Cuando se produce la risa en el teatro, desencadenamos el funcionamiento de una serie de mecanismos que tonifican la inteligencia, exaltando la imaginación de quien la experimenta. Y por el hecho de vivirse dentro de un contexto colectivo, podemos contarla como un buen primer paso para re-evolucionar el entorno inmediato, porque la risa en grupo es intercambio de ideas, es goce cómplice, es análisis crítico en camaradería. La risa en el teatro es un acto democrático, en el más amplio sentido de la palabra. Es por eso que un artista cómico debe desarrollar su capacidad pedagógica y didáctica: ser obvio, alejándose de la tentación de hacer obras para “entendidos” o públicos habituados a los códigos escénicos que se instalan según tendencias y/o modas.
¿Quién es más obvio que Charlie Chaplin? En su obviedad radica su comicidad y, por ende, su universalidad y finalmente en ésta, su potencial subversivo. Hay una larga lista de artistas cómicos que, durante la historia, han sido víctima de represión política. Desde los juglares medievales, perseguidos y muchas veces ejecutados, hasta los contemporáneos, como el mismo Chaplin y Dario Fo, a quienes el poder, con amenazas y censura, han infructuosamente intentado callar. Contraproducentemente, a través de sus actos represivos, los censores no han hecho más que reafirmar la peligrosidad de la comedia y de la sátira.
Pero entiéndase bien: la comedia y la sátira no son sinónimos de crítica social. Es, más bien, un canal a través del cual ésta puede ser transmitida. La crítica, entendida como un diagnóstico negativo de determinados hechos o comportamientos humanos, implica un análisis técnico, frecuentemente expuesto en áridos lenguajes. La sátira, en vez, se mofa y coloca a ese mismo hecho o comportamiento en una dimensión grotesca y en un lenguaje amplio, de raigambre popular. Debe entenderlo desde un analfabeto hasta un doctor en física cuántica; un niño de 6 años, o un anciano de 80.
La sátira se manifiesta sin pretensión de  diagnosticar nada si no que, como dice Dario Fo, de “mostrar al rey en calzoncillos”: cualquiera puede ver esta imagen y deducir contenidos de ella. Hemos visto, por TV, a Zalaquett y Piñera incómodamente retorciéndose en el asiento o transpirando al frente de Stefan Kramer quien,  haciendo sátira del personaje en cuestión, mediante una síntesis obvia y sin utilizar más rudimentos que el cuerpo, la voz y el vestuario, enmarca un discurso que para todo el mundo es reconocible –obvio- y que provoca la risa, la posterior reflexión y, muchas veces, la polémica con los poderes.
El juego de la comedia contiene la obviedad de cada uno y la obviedad de cada uno es cómica, porque es honesta, unívoca  y desnuda almas. Representa el irrepetible y único aporte de quienes valoramos el absurdo como una válida explicación del mundo… y en eso si hay una búsqueda.

* Gabriel Sepúlveda Corradini. Actor Profesional y Licenciado en Actuación, Escuela de Teatro de la Universidad Católica. Postítulo en Dramaturgia. Escuela de Teatro de la Universidad Católica. gabosepu@gmail.com

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Igor ha muerto*

C a r m e n   L u c y   O b r e q u e   M o r a l e s


La promesa de un hombre devastador de arco iris
sin cumplir los dos años ha muerto

El revolucionario incendiando el desierto,
ha muerto

Aferrado con su manita pequeña
en el hambre a un pan
ha muerto

La Presidenta llora,
nuestro campeador,
salvador de la loquilla de su madre
ha sido encontrado bajo la cama

Hay sangre por todos lados

Y es imposible suponer
que hay un niño pequeño ahí abajo.
Es impensable saber que en mi tierra
un chiquito muere de hambre solo y llorando,
sin nadie,
nadie

Igor Barraza Salazar ha muerto
Y no alcanzó a incidir en decisión alguna
Y todos los designios de los pobres llegaron a él.


* Iquique: Niño de un año fue encontrado muerto en su casa.
Se pensaba que la madre lo había abandonado, pero la mujer tuvo una crisis epiléptica en la vía pública y falleció mientras era trasladada a un servicio de asistencia”. El pequeño Igor Barraza Salazar, sólo tenía un año y seis meses de edad, y se logró determinar que llevaba quince días fallecido. Igor fue encontrado bajo una cama, aferrado a un pedazo de pan. Se confirmó que el niño permaneció solo y la autopsia reveló que murió de hambre y asfixia por complicaciones respiratorias. Primeramente, se pensaba que la madre lo había abandonado. Sin embargo, la historia dio un vuelco al revelarse que Teresa del Pilar Salazar Vásquez, tuvo una crisis de epilepsia en la vía pública y falleció cuando era trasladada al hospital regional de Iquique (Teletrece Online, 14/12/2006).



Declaro que soy espía

J o r g e   R a g a l *

Declaro que soy espía de los servicios secretos de su Majestad.
Cuando joven me contactó una atractiva profesora de estética
con quien mantuve un cierto grado de cercanía.
Incluso, adoptamos una niña que hoy vive en la ciudad de York.
Ello fue en los 80 cuando realizaba un diplomado en literatura inglesa.
A decir verdad, todo comenzó de manera muy inocente.
Mi primera misión fue realizar un estudio sobre la percepción
que teníamos en Chile de la figura de Oscar Wilde.
Si sabíamos que era homosexual o que había nacido en Dublín.
Y si su obra era admirada entre los intelectuales progresistas.
Luego me pidieron averiguar sobre la visita de un Conde a nuestro país.
Se comentaba que tenía amoríos con la mujer de un coronel
quien en su juventud había pertenecido a un grupo fascista.
Luego, me solicitaron información sobre Nicanor Parra.
El poeta había estudiado en Oxford el año 49.
La inteligencia quería conocer de sus coqueteos con el marxismo.
Tuve que revisar completamente la traducción del Rey Lear
por si hubiese cometido algún desliz.
Por último, trabajé para definir el porqué somos los ingleses de sudamérica.
Entrevisté a más de mil personas durante tres años.
Tuve que analizar a personajes como Cochrane y Condell.
Visitar las salitreras y los cerros de Valparaíso.
Y recorrer todos los colegios británicos.
Por esta investigación me otorgaron el título de Sir.

* Poeta secreto.

A propósito de la serie “Los 80”: el recuerdo de una historia vivida

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E n r i q u e   V i l l a n u e v a   M o l i n a *





No se si los lectores vieron o siguieron con tanto interés como lo hicimos una buena parte de chilenos, la serie de Canal 13 Los Ochenta. Para los mas jóvenes quienes reclaman hoy en las calles por una mejor educación y por un sistema social y económico mas justo, tuvieron la oportunidad de ver en imágenes reales y recrear, lo que en verdad sucedió y lo que significó ese pasado para una familia común y corriente, como  la de la mayoría de nosotros, vivir bajo una dictadura,
El desmembramiento familiar, el temor, la incertidumbre, el abuso de poder, la tortura como una forma de atemorizar a la población, la brutalidad humana expresada en grado máximo, cuando un oficial de ejército roció con combustible y quemo vivos a dos jóvenes estudiantes. El mostrar esto no tuvo nada que ver con “despertar pasiones” ni con un espíritu revanchista, fue recordar nuestra historia y es un aporte necesario que permite dar claridad al reclamo aun vigente, de que en Chile está pendiente la restitución moral del país logrando que la justicia se imponga sobre la impunidad.
Si para algunos todo eso es justificable porque son los “excesos” de una guerra que nunca existió, un aforismo que se usa para esconder estos crímenes en el “manto de la justicia de lo posible” y de los “acuerdos entre cuatro paredes”, para la mayoría de chilenos y para nosotros, que vivimos esa realidad, que sufrimos el dolor físico y síquico al estar días y meses en distintas cámaras de tortura, todo esto simplemente es parte de una memoria histórica que no se debe olvidar.
El otro acierto de esta serie de televisión, fue que mostró al Chile que nunca se humilló ante la dictadura, un Chile que encontró la manera de hacerle frente al terrorismo de estado y cuyos combatientes arriesgaron todo por la libertad y la democracia. En esas imágenes apareció un actor, entre otros, importante de la lucha antidictatorial y de la resistencia social y política a la dictadura, que nació como una reserva moral de los chilenos y actuó porque las condiciones históricas asi lo exigían y no como se ha dicho como una apología a la violencia.
Me refiero al Frente Patriótico Manuel Rodríguez, que con todas sus imperfecciones y errores tal cual se muestra en “Los Ochenta”, aportó cuando había que hacerlo y de la única forma posible en esos momentos históricos. Cuando se fundó el FPMR nos acogimos al derecho de rebelión consagrado por Santo Tomás de Aquino en el año 1250, por la Declaración de Virginia, en 1776 de la independencia de las colonias americanas, por la Declaración de los Derechos del Ciudadano, en Francia en 1789 y sobre todo por el ejemplo libertario de uno de los patriotas olvidados de nuestra independencia: Manuel Rodríguez.
 Lo hicimos cuando el régimen imperante en ese momento, la dictadura  de Pinochet, dejó de ser legítimo y cuando sobrepasó todos los límites legales, cuando este régimen fue cuestionado y aislado a nivel mundial por los atropellos atroces a los derechos humanos, cometiendo crímenes que por su magnitud se conocen en la historia universal como de lesa humanidad, es decir, cuando el diálogo y la palabra ya no eran útiles ni escuchadas por la tiranía pinochetista.
En este largo proceso fueron miles los jóvenes que se unieron a nuestra filas, también trabajadores, artistas, profesionales, chilenos y chilenas, cuya decisión común fue la de luchar para ser libres. Otros tantos dejaron sus carreras universitarias y sus familias para unirse a nuestras filas y capacitarse en mejor forma, para volver luego a integrarse a la lucha clandestina y fueron muchos, quienes murieron y fueron asesinados junto a cientos de héroes anónimos los que dejaron sus vidas durante esta noble lucha por un Chile mas humano y justo.
La dictadura de Pinochet no dejó el poder porque quiso hacerlo, o porque los convencieron “de que lo estaban haciendo mal”, lo hizo producto de la presión que se le ejerció con una lucha frontal, expresada en el fenomenal despliegue del exilio chileno el que logró aislar al régimen militar en el mundo, por la unidad del movimiento político que en un momento logró avizorar un objetivo común y que nos guió a todos en ese proceso, pero sobre todo, por la lucha valiente que día a día se dio en Chile, en las protestas, en las calles, con los paros y por la  lucha y los combates que dimos en todos los terrenos y que demostraron que el dictador no era invencible.
Recuerdo que el Jefe del FPMR, el Comandante José Miguel o Rodrigo, (Raúl Pellegrin) en una conferencia clandestina en plena dictadura, refiriéndose a nuestra organización, afirmaba que habíamos desarrollado la idea del rodriguismo, como una concepción de un alto contenido ético y moral, enraizado en la historia de nuestra patria. Esto significaba que pensábamos en una organización que fuera capaz de recoger nuestra historia, de enriquecerla, que impregnara al movimiento popular de un carácter ofensivo, validando la lucha en todos los terrenos, políticos y militares, y que aportara a crear una base de pensamiento y acción unitaria que trascendiera a la revolución chilena.
Por eso es que si bien es cierto nacimos como una respuesta a la dictadura de Pinochet, tuvimos claro que el horizonte era la revolución chilena, por todo esto es muy injusto como se nos aisló después de 1990 y no se nos permitió participar de la construcción de una democracia por la cual luchamos durante años, y no solo a nosotros, sino que también a combatientes de otros partidos y movimientos, quienes también se la jugaron, en distintas etapas de la lucha antidictatorial por los objetivos antes enunciados. Es cierto que también nosotros aportamos a ese aislamiento con nuestros propios errores, pero eso no es un argumento suficiente para hacer olvidar o tergiversar una historia que siempre estará en la memoria histórica de nuestro pueblo.
Pero lo importante es saber mirar al futuro y reconocer los errores, en el Chile actual sigue vigente nuestro reclamo social y que fueron los argumentos por los que luchamos hace un par de décadas atrás. El movimiento estudiantil, valiente y certero, ha dejado en claro hoy, que la mayoría de los chilenos queremos un cambio en lo medular del sistema: Cambiar la Constitución, el sistema electoral y las reglas de funcionamiento del sistema económico para realmente ir hacia una sociedad más justa y humanitaria.
En los momento duros de la lucha en contra de Pinochet la izquierda supo imponer sus justas ideas y se puso valientemente al frente de ellas, hoy en un mundo tan heterogéneo, políticamente tan disperso y económicamente tan unido, estamos desaparecidos y aislados, siendo partícipes de una política que es insuficiente para frenar los gérmenes de una sociedad descompuesta: el individualismo, el abuso, el lucro y la especulación.  Por tanto hace falta y mucho, un pensamiento y una visión de izquierda del mundo.
Quizás entonces, el aporte más importante de “Los Ochenta” es que llegó el momento para que a partir de la heterogeneidad debamos luchar por la unidad de los que tenemos los mismos objetivos.


* Dr. Enrique Villanueva Molina, ex dirigente y combatiente del FPMR

Breve historia de la relación de género

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E d u a r d o   Y e n t z e n *

Asistí hace ya algunos años al lanzamiento del libro “El Campeón”, de Juan Enrique Forch, comentado por Andrés Allamand y Jaime Gazmuri. En esa ocasión, el autor realizó una encendida defensa del género masculino como el único del que nadie habla, hace tesis o compadece. Forch señalaba que el varón es un ser que queda definido por no ser ni hembra, ni gay, ni lesbiana, es decir, es aquello que bota la ola cuando todas las demás especificaciones de identidad han sido determinadas. En ese momento surgió en mi recuerdo cuando aún más atrás, José Olavarría, quien dirigía las investigaciones en masculinidad del área de género de Flacso, me invitó, junto a Adriana Delpiano como comentarista de tres libros sobre el tema. Hacía poco, Francisco Huneeus, director de la Editorial Cuatro Vientos me había invitado a presentar en la Feria del libro una publicación del gestaltista argentino Sergio Sinay, autor de una sólida obra sobre temas del género masculino. Con esas experiencias, en mi mente surgieron palabras de consuelo o de desagravio para todos los varones asistentes al lanzamiento del libro de Forch, pero no estaba en el protocolo del lanzamiento la posibilidad de dirigirme a la audiencia, de modo que sólo pude consolar más tarde al autor durante el cocktail.
Todas estas imágenes volvieron a mi mente cuando el Comité Editorial de la revista Polis se planteó una edición en la que  la sección Lente de Aproximación estaría dedicada al tema de Género y Sustentabilidad. Allí veía de nuevo retratada la misma discriminación, cuando más del 80% de los nombres propuestos para escribir eran de mujeres. En ese instante me vino a la mente una escena aún más remota, de 1975, cuando asistí en la Universidad de San Diego State a un curso de feminismo, junto a otro hombre y unas treinta mujeres; recordé a la profesora vociferando que no entendía qué hacíamos dos hombres en su clase, en circunstancias que los varones no tenían nada que aportarles.
Supe entonces que tenía que escribir para darle voz a la silenciada y dolorosa realidad íntima del varón.
Para hacerlo me surgió con mucha fuerza la reflexión de Sócrates en su Apología. Intenta explicar el filósofo que cuando el oráculo le señaló que él era la persona más inteligente de esa Grecia, él consideró que no podía asumirlo como cierto. Pero al no poder tampoco descartar la voz del oráculo, decidió entrevistarse con todos aquéllos que postulaban verdades. De su examen a muchos sabios, pudo constatar que éstos, aunque pretendían saber, en realidad no sabían. De ello desprendió que podía tener razón el oráculo dado que él, Sócrates, si bien tampoco sabía, al menos sabía que no sabía, y esto lo hacía más inteligente que los otros.
Siguiendo modestamente al maestro, me resulta muy valioso el reconocimiento de la cantidad de cosas que no comprendo, y dentro de ello, me persigue desde muy temprano una incomprensión profunda del proceso llamado de liberación femenina, y de la hipótesis de la dominación del hombre sobre la mujer. Quizás es sólo autoengaño el que realizo, pero no puedo dejar de pensar que hay en esto algún tipo de engaño colectivo, algo como el ocultamiento a que el Emperador va en verdad desnudo. Por otro lado, el tema de género contiene una enorme carga emocional, pues dejando fuera los conflictos bélicos bajo la forma de guerras o revoluciones, y descontado el crimen mafioso o delictivo, es la agresividad en el seno de las familias o entre parejas la expresión más patente de la “irracionalidad” humana.
Les entrego aquí una primera reflexión sobre por qué me parece errónea la tesis del dominio del hombre sobre la mujer.
Un cuerpo fuerte, resistente al frío, saber aguantar, ¡ese es el programa arquetípico de los hombres! ¿Es un programa atractivo de vida? ¿Por qué el hombre acepta este programa de vida? ¿Como el precio que tiene que pagar para tener poder sobre la mujer? Me parece una transacción desventajosa. ¿Y tener poder sobre ella para qué? ¿Para pavonearse como el jefe del hogar?, ¿para tener derecho al biftec más grande?, ¿para que se le obedezca cuando le diga a los niños “ándate a acostar” o para exigir satisfacción sexual cuando la mujer no lo desea? No concibo mayor desatino.
Si este es el programa masculino, y dado lo insatisfactorio de éste, no puedo concebir que el género varonil se lo haya autoasignado desde una posición de poder. ¿No habrá en todo esto un gran engaño? Esta idea se me refuerza cuando veo el resultado al poner en la calle mi mirada sobre hombres y mujeres. ¿Quiénes caminan más abatidos, más grises, más descuidados, más abandonados? ¿Quiénes se emborrachan y se deprimen en la población? ¿Quiénes se drogan más? Los hombres. ¿Por qué entonces este autoengaño masculino, refrendado por la mujer, de ser el género dominante, cuando tocamos la peor parte?
Para intentar una respuesta que no aspira a ser verdadera, sino sólo lógica, hago un salto abismal al pasado, al momento de  la transición entre la época matriarcal y la patriarcal. Al leer sobre el dominio masculino, siempre me pareció extraño que el varón asumiera en forma exclusiva la caza y la labor agrícola, labores arriesgada la una y sacrificada la otra, muy desventajosa respecto de la estimulante vida comunitaria, de los olores y sabores de la comida, del juego de los niños.
Intentando comprender, la única hipótesis lógica para mí es que, siendo la sociedad matriarcal previa a la patriarcal, de dominio de la mujer, y con una forma de subsistencia de recolección de frutos, la pérdida del paraíso, la necesidad de cazar y cultivar, se genera en un contexto de correlación de poder con predominio de la mujer. Sólo así se explica que fuera el varón quien tuvo que salir a la caza y a los trabajos forzados del campo.
Ahora bien, lanzado a esa tarea menor, subordinada a la vida comunitaria regida por la mujer, el varón empieza, muy de a poco, a constituir un espacio propio, no sometido al tutelaje directo de ella: inventa el arado, diseña un dios masculino, crea las religiones patriarcales, crea la cultura, y da nacimiento a una belicidad basada en la apropiación del espacio de la producción, constituido como espacio de poder en este mundo de exclusividad masculina.
Con el correr del tiempo esta actividad simple y funcional de proveer alimentos fue desplazando el centro de gravedad de la vida humana. El territorio masculino se tornó más complejo, y se consolidó como espacio de poder intra-varonil. Al mismo tiempo,  se fue minimizando el espacio de la vida comunitaria, reduciéndola a un espacio feudal, luego al de la familia ampliada, al de la familia nuclear y hoy prácticamente a la familia unipersonal, quedando el espacio de poder comunitario absorbido y pulverizad dentro del espacio productivo que es la ciudad.
Si concebimos los hechos así,  tenemos que la dominación original es femenina, y que el hombre construye después un territorio propio por fuera del espacio de dominación femenina, donde realiza sus “juegos de guerra”. Así, la convivencia a lo largo de los siglos se constituyó con esta tácita separación de los dos espacios de dominio. El hombre tiene derechos en la casa en base a su poder en el mundo de la producción, pero no gobierna la casa. Reina, pero no gobierna.
Finalmente, llegamos al momento actual de la llamada ‘liberación femenina’ , donde la mujer busca ingresar al territorio de exclusividad masculina –el productivo, el de la política y el de la guerra– y simultáneamente demanda al hombre un rol en la casa, no de co-gobierno, sino de cumplimiento de tareas. Con esto se rompe la tácita separación territorial de los géneros, y se regresa a una realidad de territorios compartidos tal cual existió en la sociedad matriarcal previo a que los hombres fueran requeridos para salir a cazar y para la agricultura.
¿Cuál es el pronóstico para esta nueva etapa de la relación entre los sexos? Este es el tema sobre el que les invito a expresar sus puntos de vista en esta sección de búsquedas en equilibrio y complementariedad de género.


* Eduardo Yentzen, Docente de Desarrollo Personal

Algunos temas levantados por la psicología

Búsquedas en comprensión

H o r a c i o   F o l a d o r i *

El campo psicológico dista mucho de estar "unificado" por lo que  se debe hablar de las psicologías.  Éstas remiten a concepciones de mundo y a una manera entender al hombre. También una concepción de la realidad y una teoría sobre su cambio.
El campo de las psicologías incluye corrientes tan dispares como el conductismo y neoconductismo; la fenomenología y el existencialismo; el humanismo; la gestalt; la teoría de sistemas; el constructivismo y el socioconstructivismo; el congnitivismo; la programación neurolingüística y la psicobiología; la bioenergética y los enfoques corporalistas; el psicoanálisis en sus variadas formas y subescuelas; el asociacionismo; el evolucionismo y el racionalismo; la topología, por mencionar solamente a algunas. En general ellas postulan una determinada concepción de la salud, de la enfermedad mental y la corporal, y sobre la incidencia de la interacción entre lo mental y lo corporal.

La producción de subjetividad
El objetivo de la ciencia es operar sobre la realidad para poder introducir cambios de manera planificada, pero en las ciencias sociales no existe posibilidad de objetividad, ya que el sujeto aparece confundido con el objeto que estudia.  Esto hace decir a Devereaux que toda investigación social es, en última instancia, autobiográfica.
Algunas psicologías conciben su ciencia como una extensión de la biología, y producen conocimiento a partir de la observación y el estudio de la conducta. Otras hacen hipótesis sobre la producción de sentido que se produce en el lenguaje, y hablan de la producción de subjetividad.
Surge la pregunta de ¿cómo poder dar cuenta del proceso de construcción de ese "aparato" que produce la subjetividad? Nótese que la neurología es capaz de indicar en qué momento del dormir se produce un sueño; pero es incapaz de explicar por qué se sueña con esas imágenes o con tales otras, con tal tipo de trama acompañada de ciertas emociones. 
Además, la subjetividad tiene un efecto capital sobre lo somático: una pesadilla produce efectos como sudoración, sofocación, taquicardia, opresión, angustia intensa, etc.  Durante el soñar, hay una realidad psíquica que determina a su vez la realidad material, la del mundo de la vigilia. 
Subyace aquí una problemática metodológica que no conviene soslayar.  Continuando con el modelo del soñar como prototípico de la subjetividad, es posible darse cuenta de que sobre un sueño no se tiene más información que la que nos proporciona el propio sujeto en cuestión.  No accedemos a los sueños a través de la observación del objeto, sino a partir de lo que el sujeto tenga para decir sobre sí mismo.
El escuchar cobra por tanto, un papel esencial en la investigación desplazando a segundo lugar la función de la vista. En suma, hay psicologías de la observación y psicologías de la escucha, psicologías que trabajan sobre la manipulación de objetos y psicologías que trabajan sobre la puesta en sentido de la subjetividad.

Sujeto, objeto y poder
La separación entre sujeto y objeto supone y reproduce la idea de que el sujeto es el que sabe y el objeto es el objeto de conocimiento. El sujeto, el investigador, entonces, se hace cargo de su saber sobre el otro. Entonces el sujeto ejerce un determinado poder sobre el sujeto, porque el objeto no sabe y por ello, es objeto de tratamiento de un sujeto que sí sabe sobre él.  El sujeto ejerce un poder, cree que la situación se lo otorga, y en algunos casos que la sociedad se lo encarga.
En la situación en la cual el sujeto y el objeto aparecen confundidos no hay un saber del uno sobre el otro, ya que éste, en parte, es uno mismo. Por tanto, el encuentro se define como un trabajo que ambos deben hacer y cuyo producto los modifica a los dos. Esta situación de encuentro hace que el poder se encuentre limitado desde su inicio, que sea compartido con el otro durante todo el proceso que implique el encuentro.

Causalidad y conflicto
La ciencia busca establecer cuales son las causas de los acontecimientos, en vistas a un posible control de las mismas; y, a su vez, estudia la posibilidad de intervenir para la modificación de determinada realidad.
Originalmente, se pensaba que una sola causa determinaba cierto movimiento. Más tarde, se comenzó a dilucidar que podían haber varias causas incidiendo sobre un mismo objeto para determinar un movimiento, un cambio. Se pensó entonces que fuerzas de igual o diferente intensidad pero con diversas direcciones generaban movimientos variados que podían ser calculados y previstos.
Posteriormente, apareció la idea de conflicto que revolucionó la ciencia: si un objeto es sometido a dos fuerzas opuestas de idéntica intensidad, el objeto si bien permanece quieto, se encuentra "en conflicto".  Que el objeto no se mueva no quiere decir que no existan fuerzas operando sobre él.  Por ejemplo, un niño en una clase puede estar aparentemente tranquilo en un rincón, de modo que no ofrece problemas a la profesora, y sin embargo, puede estar enormemente angustiado. 

Tiempo después aparece la idea de determinación estructural, que da cuenta de causas que operan de manera directa y otras que operan a distancia.  En psicología apareció la relación entre factores actuales y factores históricos que producen una particular "sensibilidad" para que los factores actuales actúen.  Los hombres comenzaron a tener, por tanto, historia.

El problema de la naturaleza y el lenguaje
Muchas investigaciones en psicología pretenden estudiar la naturaleza humana.  Luego que Darwin formulara sus tesis sobre el evolucionismo el mundo se conmocionó.  Por un lado, se puso en tela de juicio que el hombre fuese una creación divina, como se sostenía hasta ese entonces.  Si el hombre no era más que una especie - la última hasta hoy en día - de un largo proceso de mutaciones, no habría muchas diferencias con algunos de sus primos los grandes antropoides.  Desde la biología se comenzó a estudiar al hombre, así como la etología lo hacía con otras especies: el último eslabón de una larga cadena.  Se comenzó a estudiar al hombre como parte de la naturaleza.
El evolucionismo contaminó las ciencias sociales. Se comenzó a decir que había sociedades más "evolucionadas" y otras menos "desarrolladas", que había religiones más desarrolladas y otras más primitivas, que había culturas más avanzadas y otras más atrasadas, etc.
Pero, sólo con de Saussure, fundador de la lingüística moderna, se incorpora al campo de las ciencias un fenómeno distintivo, esencial, que si bien fue producido por una mutación, organiza al ser humano de otra manera, en tanto le da la posibilidad de pensar.
El lenguaje, si bien es vehículo de comunicación, es mucho más que eso ya que posibilita un nivel representacional de las cosas que permite combinar, comparar, articular, planear, confrontar, etc., al nivel de la palabra y no de la cosa.  Tal es así, que no hay pensamiento sin lenguaje, por lo cual la creación del nombre, crea la cosa.  El lenguaje es el vehículo de cultura, por tanto desde que el hombre cuenta con el lenguaje ha ido introduciendo la cultura en la naturaleza.  Si las palabras son cultura no hay posibilidad ya de acceder a la naturaleza porque la misma palabra "naturaleza" es ya cultura. 
Esto produce una sensible intervención en la concepción del hombre que hace que lo humano, lo específicamente humano sea aquello que es cultura y no lo que tiene que ver con la naturaleza, que sólo puede ser estudiada desde la biología.
La psicología no puede dejar de tomar en cuenta al lenguaje y a la función esencial que tiene en la estructuración de la psiquis.  El lenguaje se constituye en el medio para producir sentido, para establecer relaciones para organizar la realidad y para intervenir en ella. 

Entre la historia y la historización
La historia puede ser entendida como una secuencia de hechos sobre los que no se puede volver atrás.  Esta es la vieja teoría del trauma (extrapolada de la medicina) que daba cuenta del impacto en la vida de una persona de un hecho singular.  Pero este planteo supone una total pasividad de sujeto frente al hecho.  Sufre las consecuencias sin participar en el mismo.  Pero resulta que el hecho histórico es interpretado por el sujeto. Hay entonces una participación activa en el registro, en la asimilación del hecho y sobre la huella que deja. 
Así, el trauma como un hecho exterior que impacta no existe como tal, ya que siempre el sujeto figura de algún modo en la versión de la historia que se cuenta.  Por tanto, de la historia solamente tenemos versiones.  No hay historia, estrictamente hablando, solo hay historizaciones, es decir, cuentos que nos contamos. Por ello es posible producir otras historizaciones, nuevas versiones sobre "lo mismo". 
La producción de sentido (tanto sea para personas, para familias, para grupos, para instituciones, para países) reubica a los sujetos con respecto a su historia.  La vida es entonces un re-historizar permanentemente, esfuerzo de búsqueda de sentido de la existencia misma y de sus orígenes.

* Resumen realizado por Eduardo Yentzen de un artículo de Horacio C. Foladori, publicado en revista Polis Nº1. (http://www.revistapolis.cl/)